Venezolanos olvidados en Villa del Rosario claman urgentemente por ayuda

Venezolanos en Villa del Rosario

Un grupo de más de 400 venezolanos quienes desean ingresar a Venezuela y que permanecen a esta hora del lado colombiano, a escasos metros del puente Internacional Simón Bolívar, le están rogando ayuda a las autoridades de ambos países.

Se trata de un tema de humanidad. Piden que, por favor, le permitan el ingreso a su país natal, Venezuela… para estar en sus casas y reencontrarse con sus familiares o seres queridos.

«Llevamos más de cuatro días desamparados, viviendo y durmiendo a la intemperie. Aquí no solo hay madres solteras con niños, también hay mujeres embarazadas y personas mayores que están pasando necesidades. Todo esto es inhumano», dice la joven Yineska Hernández, madre del pequeño Gael.

Ella, como muchos otros, también permanece expectante —paradójicamente— en el Espacio de Apoyo para Migrantes que está ubicado a un costado de Migración justo en la carretera principal.

«Estamos aterrorizados… y expuestos a tantas cosas… Tememos un contagio masivo. Solo pedimos que nos escuchen de lado y lado. De verdad hay personas que ya no tienen ni un solo peso para comer. Esto nos afecta a todos como seres humanos».

Pero no todo es cuestión de dinero, las ayudas alimentarias de las que tanto hablan los líderes sociales y políticos desaparecieron: «aquí solo ha venido una fundación cristiana independiente dándole comida, gracias a Dios, a los niños».

Sin comida, sin dinero, sin fuerzas y, ahora, sin esperanzas son las nuevas «crisis» que todo migrante retornado debe enfrentar:

«Hay gente que llega caminando desde distintos lados, incluso los que se han venido a pie desde otros países». Al sector La Parada en Villa del Rosario (Norte de Santander, Colombia), solo el día de ayer jueves arribaron por sus propios medios unos 300 venezolanos esperanzados en pisar suelo patrio.

Sin embargo, por el puente solo dejan pasar aquellos autobuses que tienen la etiqueta de «viajes humanitarios», como si tener humanidad fuera un privilegio de quienes viajan en primera clase, solo porque encontraron un cupo, afortunadamente, en esa unidad.

Dicen que ya van 28 autobuses que han cruzado desde Colombia a territorio venezolano y allá, del otro lado, muchos ya saben lo que les espera: un Maduro, un Bernal y sus guardias, hablando de humanidad cuando tienen curtidos de rojo cada uno de sus poros, sus soles y sus cabellos.

Mientras los segundos giran, el hambre truena y nadie hace nada, estas más de cuatro centenas de venezolanos siguen pasando trabajo por culpa de una frontera convertida en pandemia, de unos políticos y sus secuaces. / @anthersonmg

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