Temple guayanés que blindó el mediocampo Aurinegro

Ricardo Duno
Imágenes: Gennaro Pascale

Nació el 19 de marzo de 1977 en El Callao, estado Bolívar y llegó al Aurinegro a los 22 años, proveniente del Nueva Cádiz en el año 1999.

Se trata de José Ricardo Duno, quien se siente orgulloso de haber vestido la camiseta amarilla y negra, definiendo su paso por dos años en tierras andinas, como la época que marcó su carrera como futbolista profesional.

«Tuve la oportunidad de ir para el Caracas o para el Táchira y no lo dudé ni un instante, porque en San Cristóbal siempre se vive un ambiente diferente, la verdad es que allí me hice profesional», recordó.

Duno se caracterizó por exhibir temple en la zona medular, donde se conjugó con jugadores de experiencia como Laureano Jaimes, de quien se nutrió para hacer crecer su nivel de juego.

Foto: Gennaro Pascale

Siempre recuerda su estancia en suelo tachirense, debido a que se sintió como en casa, siendo parte de un equipo al que definió como perfecto, aquel que dirigió Walter «Cata» Roque y que labró con éxito su camino hasta alcanzar la quinta estrella en la temporada 1999-2000.

Calificó como clave para lograr esa gesta, la comunión que hubo entre jugadores, cuerpo técnico, directivos y aficionados, donde siempre fluyó la armonía y todos remaron el barco hacia el mismo destino.

Como en todo equipo, siempre ocurren hechos o anécdotas que permanecen en el recuerdo de las personas y así lo hizo saber Duno, donde Ricardo David Páez y «Cata» Roque fueron los protagonistas, en una jornada de entrenamientos que se cumplió en la cancha de «El Faro».

«Un día de lluvia, el profe nos dio la cola a Giovani Daniel, a Luciano Roque y a mí; llegando a la cancha había un charco, detrás venía Ricardo David y para no llegar tarde, nos pasó por un lado, patinó el carro y enlodó por completo el vehículo de ‘Cata’», relató.

Foto: Gennaro Pascale

Prosiguió diciendo que cuando llegaron al entrenamiento, Roque llamó al profe Carlos Maldonado y le pidió que ubicara al dueño de la camioneta «para mandarlo a botar».

«Inmediatamente todos comenzamos a echarle broma a Ricardo, diciéndole que ese sería su último entrenamiento con el equipo, sin embargo, el profe finalmente se acercó y le dijo ‘si me lava el carro, se queda en el equipo’».

Aunque el compañerismo de aquellos años se mantiene entre todos los integrantes de la plantilla, Duno recuerda con especial cariño al técnico quien siempre aportó consejos de vida a quien lo necesitara.

Tras dejar la práctica, José Ricardo ha seguido vinculado al fútbol, pero en otras facetas como asistente técnico en equipos como Estudiantes de Caracas y Lala F.C.

Radicado en el estado Bolívar, Duno convive feliz junto con su esposa Thamar del Valle y sus hijos Bibiana, Diego e Ivana, donde evoca siempre que puede, sus años como Aurinegro. (Daniel Suárez)

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